Nicaragua parte II: ¡Llegó el día!

Sámara, Costa Rica

¡Buenos días, Selpimenteros! Hoy venimos para contaros que cuando ya pensábamos que esto era pan comido y que como listillos que somos íbamos a pasar por aquí sin experimentar lo que le pasa a casi cada guiri… ¡ZAS! Nos robaron.

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Tan felizmente nos fuimos hace unos días de excursión en busca de una playita cerca de San Juan del Sur donde pasar el día, y aunque no era bien bien lo que buscábamos, encontramos una: Peña Rota. Una playita pequeña bien bonita llena de rocas y con vistas a Costa Rica. Estuvimos disfrutando unas horitas del sol e intentando chapotear a pesar de que es imposible bañarse de tanto pedrusco que hay.

A la 13.30 ya nos moríamos de calor y quisimos volver al pueblo. Mientras guardábamos las cosas en la mochila vi a un tipo esconderse en unos arbustos por encima de nosotros, en una zona de puro bosque. Pimenta pensó que estaba loca y como soy una paranoica y la gente aquí no para de decirnos que tengamos cuidado, cogí una piedra del suelo y la llevé en la mano a la salida de la playa (como si eso nos fuera a proteger de algo…). Dejamos la playita y comenzamos el camino de vuelta por el sendero con el bosque al lado. Hasta que oímos UH UH UH UH. Después de pensar que era un cerdo, nos dimos cuenta de que las copas de los árboles estaban llenas de monitos preciosos y empecé a intentar grabar el sonido que es algo tal que así:

Cuando ya había acabado y con el móvil aún en la mano dimos dos pasos al frente y de repente salieron dos tipos del bosque con la cara tapada con camisetas gritando, machete en mano, ¡LOS DINEROS, LOS DINEROS! Tardamos unos segundos en darnos cuenta de que no era una broma y fuimos rápidito a coger dinero. Llevábamos (de valor) la cartera con poco dinero y una tarjeta de crédito, los dos móviles, los dos Kindles, y un billete de 500 córdobas (20 euros) separado por si las moscas y rápidamente abrimos el bolsillo donde estaba el billete y se lo dimos. Uno de los tipos lo miró con cara de asco y dijo ¿ya está? mientras tiraba nuestra ropa, toallas y otras cosas inútiles de la mochila. Intentaron también quitarme el teléfono de Pimenta de la mano pero conseguí salvarlo gritando cosas sin sentido sin parar del tipo ¡no tenemos nada más!, ¡el teléfono es lo único que tenemos para volver a casa!, o ¿qué hacen, nos van a matar en este lugar lleno de gente? y después de dos minutos de histeria tuvimos la suerte de que tenían miedo, no sabían bien lo que hacían y escucharon el motor de un coche que venía de lejos. Después de eso corrimos como unos desgraciados en sentido contrario, celebramos que estábamos bien y que solo se llevaron 20 euros y, posteriormente, nos cagamos de miedo. Hemos tenido y tendremos mucho cuidado en todo el viaje, pero parece ser que tenía que pasar. Ahora seremos más prudentes todavía, no nos haremos los valientes si alguien quiere hacernos daño y seguiremos siendo tan felices, que dicen por ahí que la vida son dos días.

Así que después de la tragicomedia ahí va un maxiresumen de los lugares chachipirulis que visitamos en nuestro último tramo de viaje en Nicaragua:

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Llegamos a Granada con ganas, como siempre, y con esperanza de alquilar un apartamento por un mes y hacer un voluntariado ayudando a niños de primaria en distintos coles. La ilusión tardó dos días, los que tardamos en darnos cuenta de que ahí tampoco podíamos respirar. El calor era tan bestia que no había momento del día en que no sudáramos o tuviéramos energía. Es una pena porque aparte de las ganas que tenía de saber lo que era trabajar en un ambiente tan distinto al que estoy acostumbrada, Granada es una ciudad cara pero preciosa y llena de proyectos sociales de la que no pudimos disfrutar como nos hubiera gustado.

Al menos…

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Ligué a pesar de mis pintas

Jugamos en esta hamaca gigante hecha por jóvenes con capacidades especiales del Centro Social Tío Antonio


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Para escapar del caloraso de Graná y celebrar mi cumple, Pimenta nos regaló una escapadita de finde a la laguna de Apoyo. Mi lugar FAVORITO de Nicaragua. Dormimos un par de días en un buen colchón después de una buena racha de literas y punzantes muelles en la espalda, disfrutamos de aire puro en ese cráter de paz. Además nos estrenamos en paddle y bicis acuáticas y Pimenta agotó el colorante rosa de todos los supermercados de la zona: muy ridículo y divertido todo.

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Profesionales donde los haya:


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Aunque me hubiera quedado media vida en la tranquilidad de Apoyo, era un regalo con fecha de caducidad, y tuvimos que volver a las andadas. Elegimos probar un poquito de Masaya, tierra de uno de los únicos tres volcanes activos en todo el mundo que se pueden ascender. No nos los pensamos dos veces y elegimos el tour nocturno para ver la lava tan increíblemente como veis en la foto. No podemos describir la sensación de ver en directo un mar de lava rugir, así que solo puedo decir que estábamos HIPNOTIZADOS.


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Lago Nicaragua, una isla, dos volcanes y naturaleza frondosa. Creo que es uno de los lugares que más nos decepcionó, quizás porque las expectativas eran muy altas. Hacía demasiado calor para disfrutarlo, el agua del lago está bien sucia, los perros callejeros estaban en un estado lamentable y no había mucho por hacer.


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Nuestro último destino en Nicaragua: tranquilo, cómodo y playero. No es especialmente bonito ni reflejo de la esencia del país y es bastante turístico pero hay todo lo que uno necesita, un clima ideal y del todo respirable, una bahía preciosa con olas divertidas y comedores baratos. Después de tantos comentarios de viajeros sobre lo carísimo que es Costa Rica estuvimos aguantando en San Juan, que está a solo una hora de la frontera, para no arruinarnos de golpe.

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San Juan: mucho agua y poca arena
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Más bonita por dentro que por fuera
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Nuestro premio al disparar soldaditos en la feria: tétrico peluche sucio de “Kristyn Marie”

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Cocina tradicional nica: Dos platos deliciosos que se pueden degustar en casi todo el país. El primero se puede encontrar en todo Centroamérica y te lo ponen hasta en la sopa: gallo pinto (arroz y frijoles). Y el segundo y mi preferido: baho (res, yuca, plátanos y ensalada de repollo).

Indispensable en cada hogar: No pueden faltar las mecedoras en todas las casas, están por todas partes. A puerta abierta por el calor, se pueden ver los hogares nicas con sus salones amplios llenos de fotos familiares en las paredes, algunos en sus mecedoras al rededor de la tele encendida y otros en la acera tomando el aire.
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Todo en bolsa: En el anterior post ya os mostramos que el agua se vende en bolsa, pero no es lo único. Coca cola, leche, frescos (zumo de tamarido, pitahaya, horchata…), incluso una ración de pollo con plátano, todo se consume en bolsas. Lo dejamos en dulce porque nos hace gracia, pero el medio ambiente tiene claro que es picante nivel ojos rojos.

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Ya sabéis…
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Gafes sin gafas: ¡Qué puedo decir sobre nuestra suerte que no sepáis ya! Digamos que mis gafas sufrieron el atropello de un mamut (yo), y las de Pimenta eligieron quedarse en el Pacífico de San Juan del Sur después de una ola traviesa.

Cuando menos te lo esperas: Lo de aquella vez que nos gasearon en el hostel no fue casualidad. Sin previo aviso pasan camiones y fumigan toda la calle o recinto con el que se topen. No hay escape.
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Y así, hace una semana, dejamos atrás Nicaragua y su gente con garra, su locura, su naturaleza viva, su pobreza marcada, sus precios bajísimos y con recuerdos más y menos bonitos a la espalda. En breves (o en un mes, quién sabe) os contamos qué tal Costa Rica y el semi infierno que vivimos para cruzar la frontera.

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¡BESOS! (ternuraqué derroche de amor, cuánta locura…)

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Granada, Nicaragua

¡Ay, qué ganitas teníamos de llegar a Nicaragua! Después del miedito que nos dio Honduras estábamos impacientes por pisar tierras nicas. Decidimos que nuestra primera parada fuera León, la ciudad de Rubén Darío. Aquí vimos por primera vez en todo el viaje a locales riéndose por la calle a carcajadas, mujeres solas bebiendo cerveza y bailando y plazas llenas de gente.

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Relatos de nuestro primer día en León:

03 a.m. No puedo dormir. No aguanto más el calor. Tengo tres ventiladores encendidos apuntándome a la cara pero sigo sin poder respirar, así que me levanto y me meto en la ducha. Agua fría.

05 a.m. Me despierto toda sudada, me pregunto cómo hacen para dormir los demás y en eso consigo quedarme dormida otra vez. Bien.

07 a.m. Una alarma de indecible decibelios resuena en toda la habitación y nos despertamos sobresaltados. UIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIUUUUUUUUUUUIIIIII. Pienso que es un toque de queda. Tal vez hay guerrilla otra vez. Puede ser que hay amenaza de bomba. ¿Ataque aereo? Quiero tirarme al suelo con las manos en la cabeza pero temo que el protocolo correcto sea salir corriendo y buscar asilo. Pimenta me intenta calmar diciéndome nosequé de unos bomberos. No sé de qué habla. Mientras espero la muerte o que alguien nos rescate googleo “León, Nicaragua, sirena del infierno”. Respiro hondo al saber que solo es una alarma que suena en toda la ciudad cada día a las 7 y a las 12 para los señores y señoras que no tengan reloj. GREAT.

07.01 a.m. Ya paró. Tan solo duró un minuto. Esperaremos ansiosos a las de las 12.


León es lugar más barato hasta la fecha y se pueden comer platos enormes con algo de carne y el tradicional gallo pinto (arroz con frijoles) por tan solo 40 córdobas (1,20 euros). El revolucionario Sandino está bien presente en esta ciudad de marcado carácter antigringos que tiene el mayor número de iglesias por metro cuadrado jamás visto.

Es una ciudad de contrastes, amplia y cómoda pero donde la contaminación acústica es la ley y el calor insoportable te achicharra las neuronas. Intentamos pelear contra los 42ºC como pudimos: raspaditos, bolsas de agua, piscina, parque acuático, fruta, aire acondicionado del super…

Pensamos que yendo a la playa de Las Peñitas podríamos escapar un poquito de ese infierno, pero hacía más calor si cabe. Siguen sin gustarme estas playas del sur.

En un acto desesperado de volver a vivir decidimos irnos a un pueblito del norte, Estelí que no es particularmente bello pero cuyo clima es mucho más agradable y fresquito.


Relatos de un día cualquiera en Estelí:

06.30 a.m. Desde la cama de nuestro hostel escuchamos música ensordecedora de la loca de la habitación de al lado BLUE DABU DI DABU DI DABU DÁ. Me tapo la cara con la almohada, me ahogo, me la quito.

08.30 a.m. La música sigue, ya no aguanto más, me quiero ir pero tengo mucho sueño. Pimenta ya no está.

09.00 a.m. Llega Pimenta de la cocina, donde estaba trabajando y me quejo de la música. Me dice que ese no es el único problema, que le han dicho que van a fumigar y nos tenemos que ir. WTF.

09.14 a.m. Sigo medio dormida pero estamos acabando de recoger las cosas para desocupar la habitación. Se escucha un ruido ensordecedor como si un helicóptero nos estuviera aterrizando en la cabeza. No entendemos nada. Entra humo blanco por debajo de la puerta de la habitación. No vemos nada, todo huele a permetrina. Ya entendimos. NOS ACABAN DE GASEAR.

09.16 a.m. Salimos con todo a cuestas a tientas, todo blanco, todo tóxico. Ya fuera del hostel, la reacción del encargado fue “¿Y qué hacían ahí adentro?”. Y YA ESTÁ. Nada de “Disculpa por arruinar tu salud y echarte pesticida en los pulmones, somos unos salvajes, lo siento, estamos enfermos”. Nos fuimos corriendo a otro hostel para no faltarle el respeto.

09.18-23.35 Estoy muy enfadada. Me duele la cabeza.


Después de disfrutar de unos buenos días de lluvia y aire fresco, decidimos despedirnos de Estelí haciendo una excursión por la Reserva natural La Estanzuela, con la intención de ver una cascadita, y aunque nos perdimos por el camino y de agua vimos poco, el verde valió la pena.

Al día siguiente nos fuimos al Cañón de Somoto. Una aventura única. Aunque llegamos tarde, para variar, y estuvimos a punto de no poder hacer el recorrido, fue espectacular y divertido. Fuimos con Jackson, un guía local y caminamos, reptamos y nadamos por el cañón durante tres horitas. Milagrosamente pidiendo ride pudimos volver al hostel cuando ya no quedaban buses. Día redondo.

¡Seguimos acumulando recuerdos!

Y mientras tanto, nos vinimos a la carísima Granada a intentar descifrar qué haremos el resto de viaje (¡que ya nos queda muy poco!) para ganarle la batalla al termómetro y a la época lluviosa que acaba de empezar. Esperamos haber sacado algo en claro para el próximo post, o en su defecto, seguiremos improvisando.

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Empapados de sudor y lluvia os volvemos a decir ¡Hasta pronto!

P.D. Dedicamos este post y nuestro par de sonrisas bobas a todos los que queríais más, y en especial a María y Jess, por ser dos mujercitas tan distintas pero ambas valientes, admirables y emprendedoras. Qué bueno es saber que algunos sueños se van materializando ♥