Palenque, last stop in Mexico

Palenque, México

Hoy, 10 de marzo, se cumplen dos meses y un día desde que pusimos nuestros miedosos y expectantes pies en este grande y diverso país.  A tan solo un par de días de decirle hasta siempre y partir hacia Guatemala, tenemos sentimientos contradictorios. Nos gustaría seguir recorriendo y visitar más pueblos mágicos como San Cristóbal, pero las distancias son grandes y el tiempo vuela. Por otra parte y a pesar de las buenas “vacaciones” que nos pegamos, los lugares impresionantes que vimos y las experiencias que disfrutamos, estamos seguros de que lo mejor está por venir y tenemos infinitas ganas de descubrir Guatemala, país del que tanto hemos leído es difícil no enamorarse.

Aquí en Palenque, a 35 grados y una sensación de humedad digna del mejor sauna, somos tan pussies que hemos tenido que correr en busca de un hotel con piscina para frenar la oleada de mala leche que le entra a Pimenta cuando tiene calor. Por suerte en Chiapas todo es más barato y chapotear en un charquito está al alcance de casi cualquier bolsillo.

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¿Por qué Palenque? Nadie viene para ver el pueblo, que no tiene mucho encanto. Es bastante grande, ruidoso y caluroso, aunque tiene cosas bonitas, como las montañitas a lo lejos, calles despiertas repletas de carritos con fruta y mejor variedad gastronómica que en la Riviera.

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En honor a la copia del Nuevo Testamento que nos han dejado en el escritorio de la habitación

Entonces, ¿qué hacemos aquí? Ciertamente, Palenque es famoso por sus hongos mágicos, protagonistas de la vida cotidiana e incluso de tours nocturnos en grupo. Pero no… ¡somos tan aburridos que vinimos a seguir viendo rocas! Este es el pequeño gran imperio de Pakal, el gobernante maya de Palenque.

Después subir y bajar incontables escalones, más apartado y entre la selva tuvimos nuestra pequeña recompensa en forma de resfrescantes cascaditas.

Nuestra parte preferida del viaje: el agua. A menos de una horita de camino nos encontramos con el poblado zapatista Roberto Barrios, que esconde uno de los mayores tesoros que hemos visto. Agua verde/azul turquesa cayendo a borbotones por cascadas infinitas. Llegamos casi por casualidad después de un trayecto en el que nos sentimos un poco inseguros, pero al ver esa maravilla se nos pasó el miedo bien rápido. Lo mejor de estas cascadas es que se pueden caminar casi por completo. Vimos desde arriba a un chico caminando y pegando saltos de un nivel a otro y nos miramos ojipláticos pensando que era un indio chalado, ¡hasta que probamos! La rugosidad de las piedras y la corriente del agua nos dejó caminarlas, reptarlas y saltarlas hasta llegar abajo.

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Cada día, en el Panchán, las cabañas en la selva donde nos quedamos, veíamos un nuevo espectáculo animal o vegetal.

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¿Quién es una loca feliiiiz?

El segundo día mientras comíamos conocimos a nuestro amigo Panchito, el sinvergüenza.

¡AVISO IMPORTANTE!

Si eres mayor de edad y quieres ver la foto de Panchito desnudo y contento, sin ningún tipo de censura, sigue navegando.

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Parece que el anónimo del anterior post es un experto en simios

Panchito tiene la fortuna de vivir en una selva de mil colores, fruto de las incansables noches de lluvia.

Pero no vive solito. Tiene muchos más amiguitos, que por requetebonitos se merecen mil fotitos. A cada paso una lagartija, iguana o lagarto.

Cientos de mariposas de colores increíbles, aunque son pocas las que se dejan fotografiar. En la cultura maya representan a los guerreros muertos en batalla.


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Nunca estamos solos: aunque vinimos solos, siempre hay alguien alrededor. No necesariamente humano, eso sí.

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La flexibilidad de Pimenta: demuestra cada día que es un trabajador comprometido no importa donde esté. Hasta de pie y con un internet de mielda Emoticon Facebook aplauso.

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Aprovechando cualquier enchufe

Getting to like Kindle: no hay nada como tener tiempo libre. Jorge Javier, me animé con Maus y me encantó, y ahora estoy a medio camino de Persépolis, proud?

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My life on the road, Gloria Steinem

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Ni Panchito es tan mono ni mi novio es tan macho: 

Hortografia: hay más faltas ortográficas en carteles, menús y autobuses que letras en las palabras. Horgullo, bendíseme, amacas…

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También… os echamos un poco de menos:

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¡Besitos de sapo, selpimenteros!

 

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Show must go on

Palenque, México

¡Hola otra vez, selpimenteros! Me ha costado la vida volver a abrir el portátil e intentar escribir algo alegre con tanta pupa. Hace un mes que no actualizamos, pero era necesario lamer las heridas desde que nos enteramos de que Sira no está. Me costó mucho aceptarlo y leer ánimos desde lejos, bien intencionados eso sí, del tipo “seguro que aparece” o “solo es un perro”. Es mi familia. Y duele. Mucho. Punto.

Muchísimas gracias a todos los que compartieron sus fotos o hicieron algo para intentar encontrarla, en especial a Matepeca, Tanieta y Sheila. Y gracias, Ratita, porque te tocó aguantarme y lo haces bastante bien para ser un roedor. Los quiero ♥

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Me diste la vida, petita gruñona
El tiempo pasa y la tristeza se digiere como se puede, la belleza de estos lugares no nos deja olvidarnos al menos una vez al día de que estamos viviendo un sueño y tenemos que hacer lo que esté en nuestras manos para aprovecharlo. Así que eso pretendo al retomar el blog y volver a la normalidad. Fueron semanas rarísimas pero aun así tenemos mil cosas que contar, quizás demasiadas, así que voy a intentar dar solo unas pinceladas.

Así seguimos la ruta:

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TULÚM Y AKUMAL

Fuimos a Tulúm a ver sus famosas ruinas que miran al mar. Son pequeñas y poco impactantes pero tienen la magia de los mayas con el Caribe como fondo.

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Tulúm es algo más tranquilo que todos los lugares de donde veníamos, más bohemio, pero igual de caro. Tiene dos partes bien separadas, el pueblo (asequible) y la playa (precios desorbitados), por lo que lo más conveniente fue tener bicis para movernos entre uno y otro con facilidad. Aparte de un susto que nos llevó al hospital, que más bien parece una oficina llena de archivos empolvados y gente hacinada, y de nuestra primera experiencia autostopera a manos de un chalado que casi atropella una bici mientras sus parlantes sonaban bien fuertes al ritmo de Sia, todo fue bastante tranquilo.

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Cenote Tortuga
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Laguna Campechen, Sian Kaan

A media horita al norte está Akumal, paraíso de tortugas, donde fuimos a pasar el día. Otra vez nos decepcionamos cuando nos indicaron la minúscula zona delimitada de arena donde podíamos sentarnos, ya que el resto es privado y/o concedido, y además hay una guerra abierta entre el Centro Ecológico y el pueblo, ya que quieren frenar la degradación de corales y tortugas por el turismo masivo. Es una pena ver cómo lo estropeamos todo. No quisimos formar parte de ese espectáculo así que fuimos con nuestro snorkel por nuestra cuenta fuera del “zoo de tortugas” y nadando, nadando, encontramos una preciosa. Son tortugas enormes, que van acompañadas de su  particular cardumen de peces mientras comen algas y salen cada poquito tiempo a la superficie a coger aire con sus naricitas bonitas.

MAHAHUAL

Últimamente decidimos dejarnos llevar por recomendaciones mochileras, y más de uno habló sobre este pequeñito pueblo de pescadores. Solo tiene tres calles a lo largo de la costa y a partir de ahí pequeñas callecitas. Es genial para los que amamos el mar porque todo se hace andando y se puede disfrutar de tanta playa como quieras a tan solo cinco minutos desde cualquier punto. A pesar de su tamaño, super turístico. Así que teníamos casi decidido ir a Guatemala bien pronto, a buscar un poquito de paz. Pero… aquí nos reencontramos con un mexicano que conocimos en Tulúm y nos recomendó efusivamente que abandonáramos la idea de ir a Guatemala tan pronto y que le diésemos una oportunidad a Chiapas, un mundo totalmente diferente según él, con gente abierta y cercana, y precios reales. ¡Es imposible no cambiar de opinión cada semana! Los ocho meses planeados para este viaje se nos van a quedar muuuy pero que muuyyy cortos.

Mientras pienso qué hacer con mi vida, o precisamente tal vez para no pensar, me he puesto a probar qué es esto de tejer, y me ha salido un pequeño monstruito que ha sido un éxito. Me lo quisieron comprar en un restaurante, así que lo regalé a una bebé llamada Alexandra 🙂

BACALAR

Era la primera vez que nos alejábamos de la costa pero con mucho optimismo para ver una de las maravillas de las que tanto nos habían hablado: la laguna de los siete colores. Es increíble. Pasamos nuestros mejores días a la orilla de esta laguna y es nuestro sitio preferido hasta ahora. Es el Caribe con agua dulce, lleno de paz, alejado de masas, lejos de guías y vendedores sedientos.

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Tuvimos la suerte de llegar tarde, no encontrar camas donde planeábamos y acabar en el camping Yaxche, de Edmundo y su familia. Nos sentimos realmente como en casa y pasamos una semana fantástica cargada de tranquilidad, risas y nuevas experiencias. Ahí conocimos a gente divina, de acá y de allá, y al final nos juntamos en un gran y loco grupo para disfrutar del lugar. Fuimos todos juntos a pasar la noche al otro camping Yaxche a la orilla de la laguna a celebrar el cumple de Natalia delante de una hoguera entre risas, confesiones, mímica y un asado bien rico. Lástima que se fueron todos prontito a seguir viaje. Nati, Clari, Matheus, Rubén, Augusto y Renata, esperamos volver a verlos en alguna parte del globo.

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De vuelta en el pueblo, Edmundo nos obsequió una noche con un poco de cultura maya. Hizo una hoguera alrededor de la que nos sentamos todos los huéspedes bajo la luna llena. Allí nos contó que era ritual maya, con luna llena y la presencia de los cuatro elementos quemar todas las cosas malas que nos pasaron el ultimo mes y guardarse en el corazón los mejores deseos para uno mismo y la humanidad para el mes próximo. Liberador. Dicen que hay que volver a esa laguna…

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CALAKMUL

Después de saltarnos las ruinas de Chichen Itzá por las hordas de turistas que reciben a diario, estábamos preparados para nuestra primer gran aventura maya, las ruinas de Calakmul. Una vez más, no formaba parte de nuestro itinerario hasta que unos españoles del hostel nos dijeron que iban a ir y que parecía impresionante. Y lo es. Después de caminar 7 kilómetros con las mochilas y estar destrozados llegamos a un camping en la mitad de la nada, lo más cercano a las ruinas. La mala suerte hizo que llegaramos de noche, sin dinero casi y derrotados (no hay cajeros, ni internet, ni siquiera señal de móvil), y la super buena suerte hizo que Alan, un hippie canadiense nos echara una mano en todo lo que pudo. Nos prestó dinero, y nos llevó durante muchas horas aquí y allá con su coche de alquiler para que podamos disfrutar de las ruinas, comer bien rico y sacar dinero para seguir el viaje.

Calakmul es impresionante… No había más de 10 personas en todo el parque, nos despertamos acojonados con monos aulladores, vimos monos araña, ciervos, conejos, pavos ocelados y animales imposibles de identificar.

Y eso es todo por ahora, esperamos actualizar prontito y seguir contando nuestras aventuras aquí en Palenque con más dulce que picante.

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Asta hotra, hamigos ♥

 

 

 

 

 

 

 

 

Decepción en Playa del Carmen, alegría en Cozumel

Tulúm, México

“Mañana voy a Playa del Carmen, hace 20 años era el lugar más hippie de la Riviera, no sé cómo será ahora…” Pues bien, amable señora alemana residente en Denver aficionada a la lectura erótica, Playa del Carmen no es lo que era en ese entonces, se lo garantizamos. A poco más de una hora hacia el sur de Cancún se encuentra Playa, y en una de sus calles, no muy lejos de la 5ta Avenida, entre la 15 y la 20 (sí, en toda la zona las calles o bien son numeradas o se llaman Benito Juárez) se halla el Hostel Che Playa. Dado los altísimos precios de Playa, escogimos esta opción por dos noches, a 30 euros cada una en habitación compartida con 8 personas más. Craso error.

1. No es un hostel, es una discoteca con música permanente tanto en recepción y en el lounge, como en el bar y en las habitaciones de 8 a.m. a 4 a.m. Imposible descansar, imposible trabajar, casi imposible leer sin escuchar el chumba chumba ensordecedor.

2. La limpieza de la habitación era inexistente y el olor putrefacto.

Y 3. Hiper caro. Pagar 60 euros por tal falta de servicios duele. Os dejo la review de Pimenta en Hostelworld para que os hagáis una idea:

It was the best nightclub in Playa del Carmen! Great atmosphere, wonderful people. Oh wait. You wanted a hostel to sleep? Silly you. You can’t! Music will be playing loud until 3 or 4 in the morning. Aside from that, and the almost non existing internet, it’s a good place to party!

Pasadas las dos noches fuimos corriendo a un Airbnb con Erika, una chica danesa extremadamente organizada pero muy simpática y dispuesta. La habitación estaba un poco alejada del centro pero tenía acceso a otra playa no muy lejana y estaba en un barrio tranquilo. Tranquilo pero muy pobre. Fuera de las 6 casas de extranjeros, todo lo que le rodeaba era un tanto triste y viejo. Multitud de perros callejeros llenos de garrapatas, casas muy básicas donde viven familias de 8 personas, y un poco de inseguridad en el ambiente.

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Algunos graffittis son universales…

Y a tan solo unas cuadras, de vuelta en la 5ta avenida, todo caro y turístico a no poder más. No muy hippie ni bohemio, solo classy y pretencioso. Turistas básicamente argentinos y americanos plagan la principal avenida por la que es incapaz transitar sin pararse cada 5 minutos para esquivar a alguien y cada medio minuto para declinar ofertas de tours y alquileres de vehículos a precios desorbitados.

Con ganas de descubrir la parte bella de Playa, el viernes cogimos dos bicis prestadas de Erika y nos fuimos a pedalear media ciudad para hacer una de las cosas que venimos esperando todo el viaje. ¡Descubrir un cenote! Esos pozos de agua dulce tan valiosos para los mayas que pueden conducir a ríos secretos y son un espectáculo para ver y bucear en ellos. Después de casi una hora de pedaleo bajo los rayitos del sol llegamos a Chaak Tun, donde nos pidieron 30 dolares a cada uno para poder entrar. Teniendo en cuenta que pensábamos que la entrada era de unos 5 euros, con cara de derrota nos salimos por donde entramos. En México al parecer hay sobre 2000 cenotes descubiertos y a precios más asequibles, así que ya encontraremos otra oportunidad muy pronto.

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Después de un gran día en bicis y en la playita, tras el intento frustrado de cenote, nos fuimos a pasar el finde a Cozumel, razón por la que fuimos a Playa en primer lugar. Cozumel es una isla bien grande, en comparación con el resto de la zona, que cuenta con una de las 5 barreras de arrecife más grandes del mundo y una rica biodiversidad marina. Hace tiempo decidimos hacer el curso de submarinismo de PADI durante este viaje, para descubrir el fascinante mundo que hay ahí debajo, pero en Cozumel es posible ver arrecifes bajos sin coste con snorkel, así que lo dejamos para otra.

40 minutos tardó el ferry a la isla, donde nos hospedamos en la Posada Edem, bien básica pero central. Alquilamos una motito y unos snorkels y comenzó el paseo.

¡Primer viaje de Pimenta en moto! ¡Qué miedo ;)!

Descubrimos que es una isla bastante tranquila y bonita (nos habían dicho en Playa que solo era para hacer shopping y turismo de cruceros). No es tan cara, el ambiente es muy relajado y más de la mitad de la isla son zonas verdes protegidas. Fuera del centro todo huele a dulce, a flores, a césped recién cortado… También descubrimos que apenas hay playas. Siempre damos por hecho de que por ser isla tiene que estar rodeada de playa, pero no. La arena es bien poquita y en lugares específicos. Pero vale tanto la pena ese mar… Paramos la motito en un lugar desierto sin gente y nos metimos en el agua. ¡Qué pasada! Todavía no tengo cámara para debajo del agua pero…

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¡Al agua pato!

Hay de TODO ahí abajo. Peces trompeta, barracudas, corales, Dories, anguilas…

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Anguila bonita

Y una ¡¡mantaraya!! Qué sensación más rara. Es un bicho tan grande que apreté el culito y me quedé parada. Es como ver un pájaro enorme planeando elegantemente dentro del agua. Ahora tengo la necesidad de meterme en cada playa que vea y mirar todo lo que pasa bajo el agua. No me quiero perder nada.

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El guardían del muelle

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Con muy buen sabor de boca nos fuimos de Cozumel, pensando ambos que podríamos quedarnos un tiempo más quizás, aunque ya teníamos reservado un hostel en Tulúm, donde llevamos más de una semana tan a gustito…


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La riqueza de la simplicidad: esta es una libre interpretación de una ensalada César que esperábamos con ansia y hambre…

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Lechuga César

Estrenamos hamacas: ¡Por fin ♥!

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Cada experiencia es única y personal: hay que probar. No podemos dejarnos influir por las críticas en internet o por la opinión de 3 turistas o 4 locales. Según la gente que hemos ido conociendo en el camino Playa es lo más y Cozumel bastante prescindible. Pues para nosotros fue al revés, Playa no cumplió con las expectativas que teníamos según las opiniones de los demás y Cozumel las superó.

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Cocina: de hostel en hostel y tiro porque me toca. Ya tenemos un poco de ganas de tener un pedacito de privacidad con una cocinita y dejar de inventar comidas de la nada o comer fuera.

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Improvisando en la ducha

Bicis contrapedal: ¡qué peligro! La mayor parte de las bicis aquí no tienen frenos normales. Para frenar hay que dejar de pedalear. Casi nos matamos 8 veces antes de poder pedalear con normalidad.

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Naturaleza comprada: cada río, cada cenote, cada playa… Todo es privado, todo está comprado o “concedido”. Es difícil no sentirse en un parque de atracciones a veces.


El pequeño Tulúm está a tan solo una horita de Playa hacia el sur, con su vivo pero tranquilo pueblo, sus preciosas playas y mágicas ruinas. Y aquí seguiremos un poquito más, así que en muy breves en el próximo post os cuento más sobre la magia de este pueblecito, quién es Queca :), cómo fue nuestra noche más terrorífica hasta la fecha y la mala pinta que tienen los hospitales aquí después de estar casi un día entero ahí metidos (estamos perfectamente, sólo fue un susto).

P.D. Larguita mia, aquí tienes un poco de entretenimiento. Espero que te recuperes prontito y no te quede ni una marquita en esa cara tan requetebonita que tienes. Por favor, deja de impactarte contra cada objeto que ves. Hace pupa ♥.

Cancún e Isla Mujeres

Playa del Carmen, México

Nuestra intención al llegar a Cancún era estar dos días y salir corriendo a un sitio más barato y menos turístico, alarmados por comentarios de mochileros y por lo poco que vimos desde el bus (hoteles monstruosos, neones y carteles al más puro estilo Las Vegas, campos de golf…). Sin embargo, al llegar a Hotel Hacienda Cancún en el centro de la ciudad, todo cambio de color.

Es un hotelito genial super barato, con todo lo necesario y gente muy maja, en el Cancún de verdad. Tiendas de mil cosas a la vez, altavoces fuera sonando cumbias y más cumbias, baretos baratos, coloridas cantinas, ruido a vida y olor a especias en cada esquina que desprenden los numerosos puestecitos ambulantes. Así que ánimos arriba decidimos quedarnos una semanita para disfrutar un poco del ambiente y hacer el guiri de vez en cuando. Como no había habitaciones disponibles para toda la semana hicimos un break en un hostal cercano antes de volver, más caro que el hotel y con un aspecto 100 veces peor. En Hostel Mundo Maya nuestra habitación era una pecera y el dueño de dudosa amabilidad, aunque había gente muy simpática que nos amenizaba de a ratos contándonos sus batallitas de viajeros.

Aprovechamos la cercanía con el centro para comer deliciosos tacos, guacamole en abundancia, probar la típica mole (ay, cómo pica) y tomar cheladas, nueva bebida favorita de Pimenta, que consiste básicamente en echarle hielo, jugo de limón y sal a la cerveza.

A 20 minutos en bus, y a lo largo de TODA la costa, se encuentra la masa casi homogénea de hoteles, llamada ingeniosamente Zona Hotelera. Aquí hay gente de todo tipo: honeymooners y familias de vacaciones que se pueden permitir los $500 por noche, niñatos pijos fiesteros con pulseritas celebrando el fin de curso, y algún mochilero perdido, prácticamente todos con algo en común: extranjeros. No es el México que queríamos respirar pero no los culpamos del todo… son las playas más espectaculares que vimos nunca. Kilómetros de arena blanca y aguas turquesas que una vez pisas no quieres dejar atrás.

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Playa Langosta, Cancún
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Playa Marlín, Cancún

Hay tres o cuatro playas públicas como la Playa Marlín o la Langosta, a las que es muy fácil acceder. Ahora bien, olvidaos de intentar tomar o comer algo allí mismo si no es en la terraza de algún hotel a precios un tanto elevados, aquí no existen los chiringuitos. Y si se os ocurre dar un paseo por la orilla, contad con la hora de más que vais a estar intentando salir de la playa colándoos por algún hotel.

He aquí un ejemplo práctico. Teníamos sed… Así que nos sentamos en unas sillas (son todas casi iguales y todos los hoteles parecen el mismo). Era todo un poco caro pero seguimos fiel a nuestra filosofía de “por una vez…”. Pensamos que vamos a estar en sitios mucho más rústicos y humildes dentro de no mucho y puede que pasándolas putas así que hemos decidido disfrutar de unas pequeñas “vacaciones”.

Al ir al baño nos enteramos de que estábamos en el Ritz Carlton Cancún. No era la intención, pero hay que decir que esos nachos y batidos estaban ¡duliciosos!

Por cierto, ¿sabíais que los ricos utilizan una toallita diferente cada vez que se lavan las manos y la echan a lavar 😜?

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No ganan para lavadoras. Bueno. Sí.

No os contamos la vergüenza que pasamos con las pintas que llevábamos para acceder desde la terraza del Ritz hasta la calle para coger el bus porque es casi inenarrable.

En fin, con ganas de explorar, el fin de semana aprovechamos para celebrar nuestro primer selpimentiversario (ohhh ♥) yendo a Isla Mujeres. Una pequeña isla al norte de Cancún con cuatro calles centrales un poco locas y fiesteras pero con playas preciosas llenas de buena onda.

Allí nos dimos algunos caprichos: fuimos en barquito e hicimos snorkel para ver barracudas, peces de mil colores y el MUSA, comimos el mejor pescado Tikin chik que probé en la vida cocinado por el capitán, y nos dimos un masajito en la playa. Oh, sí.

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Esculturas del Museo Subacuático de Arte, que no vale mucho la pena ver con snorkel, y no estamos seguros de si lo vale con tanque por $100…
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Suben, suben los monos a la palmera
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Desde el barquito en Playa Tiburón

Pero no todo en el campo es orégano. Por tontainas, la reserva de habitación compartida que habíamos hecho en Hostel Azúcar solo era de una cama y no nos dejaban entrar a los dos, así que hicimos un tour por la isla y nos quedamos en Posada Isla Mujeres, el único lugar disponible por 500 pesos (25 €). Era digno sucesor de The Bates Motel. Limpieza muy cuestionable, entorno poco amigable y sensación de seguridad… -10.

Al final, bromas aparte, lo importante es que dormimos bien y pudimos disfrutar de esa isla mágica un día más, antes de volver a Cancún.


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+1 Punto de explorador: después de unos cuantos golpes e intentos frustrados y risas de un local ¡¡abrimos nuestro primer coco!! ¡Hurra!

👫: 12 meses de totonerías 

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Atardeceres: desde la isla se puede hacer una de mis cosas preferidas que no se puede desde este otro lado del Caribe, ver la puesta de sol

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Nada que pueda captar la cámara de este móvil

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Tarjetas de crédito: tenemos que ir controlando los pagos porque nos dimos cuenta después de estar en el Hostel Mundo Maya que nos habían cobrado el mismo importe tres veces y tuvimos que pelear un poquito para que nos devolvieran el dinero

Mal estado de las aceras: hay que andar con cuatro ojos mientras caminas porque en la calle y en las aceras hay de todo (pozos, alambres, hierros…) y Pimenta sufrió las consecuencias

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Ya encontramos el cortauñas…

Fuego: todo lo que te metes en la boca sabe a llamas

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Que vengan los bomberos que me estoy quemando, que vengan los bomberos que esto es un incendioooo ♪♫

La semana que viene os contamos por qué llevamos un par de noches mal durmiendo en una discoteca en Playa del Carmen y cómo nos equivocamos pensando que esto era más tranquilo de Cancún. ¡Hasta ahora, selpimenteros!

Empezamos con ¿mala? pata

Cancún, México

Estábamos convencidos de que de aquel lado del charco lo más difícil ya estaba todo hecho (decisiones, coraje, preparativos…). Coger el avión y llegar a Cancún parecía coser y cantar.

Un tímido paso al frente hacia el check-in de Lufthansa y ¡ZAS!, la primera bofetada. A pesar de tener vuelos de ida de Barcelona a Cancún y de Panamá a Barcelona a la vuelta, sin billetes de salida de México no nos permitían coger el vuelo, por lo que nos enviaron a la sección de ventas a comprar un vuelo, después de educadamente llamarnos ignorantes viajeros. Pánico, miedo, incredulidad y una lagrimita. 

Como no tiene ningún sentido que nos hagan comprar un vuelo de México a no sé dónde, no sé cuándo, solo por miedo a que nos quedemos a vivir en México y nunca lleguemos a Panamá, lograron resolverlo y nos dejaron facturar.

Después del susto inicial, al llegar a la puerta de embarque, sorpresa número dos: ¡OVERBOOKING!. “Lo siento mucho, no tenéis sitio en el avión, volved a ventas y allí buscarán una solución”. Cosquilleo en el estómago otra vez. 

Una vez allí tuvimos que aguantar el desorden hormonal de la alemana de Lufthansa encargada de decidir nuestro futuro cercano, pero veamos cuál era el plan hasta aquí:

Barcelona – Frankfurt, hotel pagado en Frankfurt (08/01)
Frankfurt – Cancún (09/01)
Total de 12 horas de vuelo

Así que después de unas cuantas salidas de tono de la alemana con su compañera, un cajonazo por aquí, un intento de abandono de su puesto laboral y muchos nervios por allá, todo acabó de la siguiente manera:

Barcelona – ¿¡SAO PAULO!? (08/01)
Sao Paulo – Cancún (09/01)
Total de 18 horas de vuelo + cheque de indemnización de 600 euros cada uno ¡YUPEE!

Sí, señores. Prácticamente nos han pagado los billetes, así que valieron la pena las horas extra de vuelos, las pantallas rotas del avión de TAM y aguantar a la alemana histérica. Ahora nos preguntamos cómo usar tal regalito caído del cielo.


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TAM: buen servicio y buena comida a pesar de tener problemas con las pantallas

Chaqueta nueva: cuando abrí mi mochila en el avión, ¡voilà!, una chaqueta misteriosa, nueva y ajena, se coló misteriosamente durante los controles en el aeropuerto

Guaraná: Me encanta esta bebida brasileira

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Fronteras: tiempo, dinero y papeleo absurdo para poder moverse es una locura

Aeropuerto de Sao Paulo: caro, caótico y servicios limitados

SuperShuttle: una compañía privada de transportes nos engañó en el aeropuerto de Cancún para llegar al hotel y perdimos tiempo y dinero (si queréis ir al centro, mejor coged el bus ADO)


Y qué nos contáis de Cancún, os preguntaréis. Pues eso queda para el siguiente post, por supuestísimo, porque ahora nos vamos a pasear. Ahí va esta foto para ir haciendo boca. ¡Hasta la próxima!

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Playa Marlín, Cancún, México

P.D. Mami, papis, hermanos, Sira y amigos. Merecida mención especial al equipo anticúpula (Sara B., Pili, Iván, Gabo, Sara C., Jorge y Blanca), Tanieta, Jordi, Jess, Sergi y Alby e também à equipa Barreiro (Mike e Sofia, Jorge, Alex, Gothie e Faia). Gracias por darnos por muertos antes de irnos, os queremos y llevamos cuatro días con pulso ♥.